Saturday, January 21, 2012

RAPITRANCE


Me he prometido de regreso a casa, volver sobre la idea por la que este blog quiere perdurar. Uno siempre cree en el valor de las personas que conoce desde la literatura, sobre todo si son impresiones gravadas en las mejores circunstancias. Un regreso donde los amigos, las recomendaciones de libros, el ser uno más entre ellos y leer del dolor puesto en el aire, /intencional/porque el amor me es más difícil/ nos avisa que el poeta sabe muy bien dar sus versos que ya fueron escritos sin tanta inocencia.

Edelmis Anoceto apunta que estos versos iniciales de Cecilio Herrera significan un comienzo, la de un joven autor en la búsqueda singular y nueva.  Lo cierto es que su lectura no me permite deslumbrar si es el comienzo de Cecilio, puede que se diga por su primer libro edito, pero en las exposiciones de los sentimientos que dan vida a su libro he sentido el respiro que atrapa la vida, las voces, situaciones que se dieron tal vez en la realidad y que son llevadas a la pagina con un objetivo total para su referencia. Pienso que el poeta se toma en serio esas referencias, que vivir es cuando menos una intencionalidad de aprender y reflexionar a su paso.  Las cosas que un lector agradece, cuando el poeta nos entrega su piel, pero sin sentimentalismos cursis, lo logra por esos vínculos con poetas como Nogueras, es cierto que la apariencia de frases desprovistas de matices emocionales, pueden pensar en ello, pero he releído con el deseo de observar estos detalles, y considero son esa parte donde el poeta pretexta un discurso, algo que se ofrece visto a distancia de cualquier ego que lo descubra, pero un poeta si emociona e inspira, tiene una ganancia para ascender entre títulos y nombres, y por eso, les ofrezco unos breves textos de Rapitrance, el libro con el que este joven de Santa Clara se coloca en la geografía del mundo.

LIENZO A MIS AMIGAS

Todo marcha según lo previsto

Terminé de pintar (como tú querías)

La tierra y el sol

Las palabras que insististe, pusiera

Las he escrito sobre ascua

Encima de un ascua he puesto tu deseo




Es por la tarde aquí esta mañana.  

Estoy sentado en el parque

Estoy sentado como pintando y ya no estás

               a dos cuadras

No me encontrarás ni te encontraré

De casualidad frente a la biblioteca

                  Por el cine

Iríamos a comer a otro sitio

(pero las mujeres de tu estatura andan

           despreocupadas

  sin la posibilidad de ser tú)

Estoy sentado esta mañana en el parque

Es por la tarde aquí esta mañana.





Pero hasta el más leve palpitar de una hoja,
Una estrella borrada que respira de pronto
R Alberti

UNA VEZ ME ENSENASTE UNA HOJA
Una hoja y me contaste que esas fracciones del árbol
Podían secar nuestras lágrimas
Y sembramos un arbusto
No ha habido más fruto después
que te convertiste en mi dialéctica
Y gusto en la boca
sé feliz, hoja, siempre: nunca tengas otoño,
hoja  que me has traido
con tu temblor pequeño
el aroma de tanta ciega edad luminosa
Y  llega el árbol contigo   el cual usas
  como banco
Y te sientas descalza
Niña que cabalga un rato para terminar aquí
  En la punta de mi vida
El amor de un muchacho adolescente fue
   la caridad      el que se ahoga
Y alguien salva sin sospechar para siempre
La baraja deseada y no deseada
Una forma de reconocemos que se volverá antigua
Cual una hoja tensa dentro de la mano
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Cecilio Herrera Mejías. (Santa Clara, 1983)
Año de publicación: 2008
Colección: Ábrego
Editorial: Sed de Belleza



Wednesday, January 18, 2012

SIN CRIMEN Y SIN CASTIGO



Todos sabemos ya que no era tuyo
el falso terciopelo de la magia verde,
los pasos contados sobre alfombras,
la daga que divide las barajas,
para unirlas de nuevo con tizne de cisnes.
Lezama.


Su mundo de ficción habita en una mala jugada
y suma colocar la libertad
tipo cuadro sobre mesa de tocador
de un rostro ajeno que mira a distancia.
Esa libertad supone que consiste
en mirarse en lo dejado
pero nada detrás evapora algo que pueda venerarse.
Tampoco es que crea
en esos suicidas del Manhattan Bridge
menos en el crucifico pequeño
donde ni si quiera puede ya colgar su inspiración,
a lo sumo la espiritualidad de unos dientes
una lengua entumecida ante el espejo
que no pasará de ser un minúsculo ataque de grandeza.

Su otra ficción son los espacios de aire,
nuevas atmosferas que desprenderían
los abismos repetidos de atomizar
la fatalidad y la zozobra de los malos pensamientos.
y solo por ello sobrevive.

Desde esa majestuosidad, un rey sin coronas
igual a un rey sin espinas
insaciable al ego que amilana
la locura con la que recorre
ciertos pasillos que almidonaron su añoranza

una de esas de vida cursi

dibujada como fortuna

en imágenes solo asequible a su fantasma.



¿La aridez del vacío
es el primer y último camino?
Me duermo, en el tokonoma
Evaporo el otro que sigue caminando.
Lezama.


Al fin era el reinado

de los falsos cielos rasos

compuestos por tramos

que aparecían siempre para recordarle

su terquedad de ser ceniza a la luz de los incendios.

Provocar, que provoca

ser por ademanes siniestros

una de esas tardes al mediodía

atrapada en ser también una de esas provincias

que gobiernan la identidad

como si también fueran los espectros de zombies

que mueven el piso de sus días

a falta de aquellos carruseles,

nacionales, estrictos

que daban mareos en torno a la rosa,

incluso la oriental

que eran por mala suerte

cultivos de las esperas maltrechas

dispuestos a horadar la sangre

porque en ello su vida

atravesaba como esas congas

ruidosas a su esperma y a su gloria.

Es el rey de la comedia insulsa
y su viaje no es el instinto a la semilla

aunque para confundir corteja aquellas luces

cuando la muerte

atravesada en cruz como una guardarraya

hacían la tentación de estos horizontes

ahora ininteligibles

metáforas  de bordados, lujosos, específicos

para amplios espacios donde sumergir el vacío

en la misma angustia de idéntico decoro..



Pone los pies en la arena
pero su inocencia no desangra

y su cuerpo presenta el itinerario

de rutas que llevan siempre hasta su sangre

un sonido locuaz de su abandono

uno que producen las búsquedas

al caminar de espaldas.

No hay miedo a desprenderse,

su trazo de hielo es ahora su alma

el polvo como el sonido

es apenas otra levedad engañosa

cómplice y dueño

de nada que detrás

evapore algo que pueda venerarse.
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DOS CIUDADES, UNA ADIVINANZA



Una ciudad que se refleja en otra

siempre a las puertas de la gloria

que es su infierno

y muchas caras cocidas por el susto

 insulsas desde sus llantos.

Dos abismos que por abajo se tocan

como esos novios iletrados

que luego vivirán de sus hijos.

Una: en un extremo exige que la vistan

La otra: se descompone en vestir y desvestirse

parecido a los fuegos de un carnaval

donde todos beben el orine

sin entenderlo

de las cervezas crudas que golpearon

con empeño y desdén

la puerta de atrás de sus almas. 

Como viudas en la primera noche de fuego

a una se le conquista desde el miedo

a la otra se le paga bien caro

una a una cada promesa;

ambas tienen montadas su miseria

_ carrusel humano-

con caballitos que recorren en círculos

sus destinos,

sin que puedan adivinarle en el horizonte

alguna certeza.

Dos ciudades que en lo oscuro

se amontonan y besan

pero en la luz se tornan violentas;

a lo lejos un farol avisa,

un reo canta y una colina sin lobos

nos identifica

aunque el viento rompa la marea

y los cuerpos floten a su deriva

ajenos a las casas de maderas

ajenos también,  algunos portales.

Por ellos entran y salen los abismos,

siguen amarrados

y aunque el farol que les alumbra

 mece con odio sus distancias,

una línea divide lo que se conquista

otra traza con arribistas y payasos

una carpa de circo

donde todos los trapecistas hicieron

el vuelo del pájaro;

y otra de las líneas

 de causa más invisible mezcla

la fruta madura que se pudre

en el mismo tronco del árbol

donde algún infeliz ha grabado sus iniciales.















Como un país y una provincia nos entierran,

nunca se sabe

si por un amanecer que ya ha pasado

tampoco si es una tarde que de ceniza

babea en nuestro entorno

y deja en el triángulo

su estrella solitaria.
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Thursday, January 12, 2012

Discurso en la penumbra:Llegó








Por Margarita G Alonso.
 Tomado de Editions Hoy no he visto el Paraiso (Álbumes)


secuncia para el video de DISCURSO EN LA PENUMBRA.

Conocer al poeta Jesús Alberto Díaz Hernández "Tinito" ha sido una gran alegría. Una tarde de domingo hace muy poco, en casa de Sindo Pacheco en una tertulia,  pude escuchar varios de sus textos inéditos, aunque había recibido varios textos suyos que hoy comparto, mi viaje a Miami y la poca posibilidad de actualizar el blog, se unieron para este final de altura, cuando de regreso y dispuesto a sentarlo en el aire, Margarita García Alonso, me sorprende con la grata noticia, de que muy pronto, es inminente la salida de DISCURSO EN LA PENUMBRA, de este poeta pinareño. Y porque el principio puede ser al revés de lo que se imagina, como la poesía de este hombre, dispuesta a no dejarnos indiferentes, comienzo con estos links, que promocionan lo que ediciones Hoy no he visto el paraíso trae, para que desde ya, Uds. tengan la oportunidad de conseguir ese asiento donde el feeling que provoca su lectura, nos capta.

http://www.youtube.com/watch?v=8Sl_cUzTXWE&feature=colike

Para apreciar un trabajo bello, mire, secuencia para el video de DISCURSO EN LA PENUMBRA, poemario de Jesús Alberto Díaz Hernández "Tinito. De Editions Hoy no he visto el Paraiso (Álbumes)
https://www.facebook.com/events/231302693604818/#!/media/set/?set=p.10150540440569243&type=1

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Seguimos con poemas de Tinito, por cortesía de su autor y para que el aire sea testigo.

Tomado de Editions Hoy no he visto el Paraiso (Álbumes)


secuncia para el video de DISCURSO EN LA PENUMBRA.
Por Margarita G Alonso.

ELOGIO AL CUADRO DEL SAGRADO CORAZÓN DE CRISTO
I
Deprimente, ese cuadro abandonado
 en los senos de una sala putrefacta.
 Bendecido por los númenes de la mugre
 y las moscas de Lázaro
 entre los gajos del corazón marchito
 y lo que queda de la barba,
 su cruz no es de madera sino de telaraña,
 la sangre no es su sangre sino algo descolorido.
 El polvo se amortigua sobre la cara pálida
y las cucarachas como de costumbre.
II
¡Padre nuestro, qué pocos se acuerdan de ti, qué pocos!
 y las horas siguen corriendo más allá de los mitos
 que se pudren en el estiércol de los siglos
 y en los entornos del marco el candor se desdibuja
 en el rostro de ese Cristo, absorto ante la luz
 que le robó la sombra.
¡Qué tanto hiere el olvido, qué tanto hiere!
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ELOGIO AL ANTIGUO CUARTO DE MI MADRE

"Lejos de las sepulturas célebres,
 hacía un cementerio aislado"
                             Baudelaire

El aura donde los dioses escribieron sus designios


 se marchita en la penumbra,


 en el cuarto que se nutre de la peste, de los libros


 que no tientan más a nadie.


II


En las paredes que gritan: "otro toque de pintura"


 se derraman los colores de la muerte


que danza sobre la cama


 que maldice mil caricias de comejenes y hormigas


 que devoran las bisagras del recuerdo y el olvido:


 un cementerio de libros y un rezo a San Luis Beltrán.


LA  NAVAJA DE OCKHAM


Envejece aún El Cristo en la morada


 más allá de la vida y de la muerte,


 enigma indescifrable fue su suerte


 que no entiende su todo ni su nada.


 ¡Atroz algarabía!, la mirada


 del numen en la cruz frente al reflejo


 de un hombre que clavaba su pellejo,


 en la tez de una mano condenada


 a limpiar con su sangre los pecados


 en oscuras doctrinas que adoramos:


 besos, Judas, orgías y legados.


 Y prevalece Cristo en los racimos


del arcano embrión en que nacimos


 sin saber cómo, ni porqué nos vamos.
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Del autor:

Tomado de Editions Hoy no he visto el Paraiso (Álbumes)


secuncia para el video de DISCURSO EN LA PENUMBRA.
Por Margarita G Alonso.

Jesús Alberto Díaz Hernández "Tinito" (Pinar del Río, Cuba) poeta/traductor /dibujante. Tiene tres libros inéditos, sus poemas han sido publicados en varios blogs y revistas literarias. Textos suyos han sido traducidos al francés y al inglés. Actualmente vive en Miami.

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Thursday, December 29, 2011

Mientras mueves el arroz


 Para Rafael Altuna y Raquel



Habla poco, pero sé que se alegra cuando estoy allí. Sale a fumar y da los paseítos por frente al edificio y vuelve y se sienta y, en algún momento, se tira en la cama aunque yo me esté despidiendo y dé mis besos y prometa que voy a regresar en la primera ocasión que tenga. Igual llego y, ese día, desgrana algún chiste de cuando coincidió en Sancti Spíritus, Caibarién o Manicaragua con Ricardo Riverón, Mario Brito, Veleta y William Calero; aquellos a quienes importaba menos el motivo de la reunión que la posibilidad de chocar, nuevamente, con el viejo hermano para pasarla bien. Tuvo el honor de que Una tarde en el río inaugurara la Editorial que en sus inicios, el sapo que nunca falta, denominó “papiros” pero que fue la Capiro que conocemos. Y que todos lo imaginaran imprescindible, necesario, grato en cuanto encuentro o tertulia se convocó. El personaje que puso, también, su tono; que dio el colorido que nos hizo falta; al que aceptaron, comprendieron y pasaron por alto el difícil carácter, puesto que estaba claro por qué espacios guardó lo que de verdad interesa; cuando tuvo su nombre, su primer apellido y, además, el segundo. Es cierto que, a veces, habla poco, que si lo intenta es para maldecir; que simulara no estar para nadie y no se empeñe en camuflarlo. Que prefiera su cigarro y su paseíto y su peculiar manera de ver la vida a la certeza de la “civilización”; a nosotros que pretendemos sostener la charla a fuerza de lo que fuimos. Y que transcurra la existencia sin que venga el deseo de transcribirla, de trastear por sus ramas y regalar la historia en la que, después, sumergirnos y soñar. También él debe arreglárselas como puede y resolver el problema sin que nadie asome; y malgastar su energía miserablemente en preocupaciones mundanas que quisiera lejos; y callar y aguantarse y hacer lo que hay que hacer cuando no queda más remedio que entrar por el aro de la necesidad. Encima, debiendo tragarse el cuento del conformismo porque los años no le acompañan y asumir que tu físico, tu condición, tu sexo, tu vestimenta, tu prestancia, la forma en que caminas y hasta las manchas de tu cara importan más que lo desprendido o auténtico, o humano, que sueles ser. Solo empuja el carrito con las últimas fuerzas de sus ganas y trata de estar amable con ese a quien lleva la compra justo hasta el sitio donde se encuentra el jeep; en busca de la compensación. Y hubo un momento en que confrontó con el hombre, con el hombre  y sus contradicciones, con las relaciones humanas y todos los vericuetos a que puede conducirlas un proceso de cambio, cuya esencia épica entronca con la materialización de sus más caras aspiraciones; otra época en que asumió hasta su propia negación en aras de confirmar las coordenadas de su pensamiento y quién sabe si hasta menos miedos tuvo, más valor y sobrado espíritu para armar la fábula y obligar a empezar en el mismo instante en que pusiera fin. Por ahora no hay fin ni principio ni la contraportada donde leer la frase que resuma su esfuerzo. Solo sale a fumar, a dar su paseíto; a quedarse allá, para siempre, aunque yo me despida y dé mis besos y prometa que estaré de regreso en la primera oportunidad que tenga y sepa que se alegra, que se alegra, aunque que no lo diga. 
Llego y, a veces, dice unas cuantas palabras y, otras, un ramillete. Allí, en lo que todos conocemos como la casa de Rafe y Raquel; donde uno puede fumar dentro y hablar alto y pararse y cruzar las piernas e ir al baño sin protocolo ni pedir permiso. Para sentirnos “como allá”, compartir “como allá”, soltarnos a la manera en que lo hacíamos “allá”; porque estamos conscientes que, fuera, los motivos igual que los culpables se difuminan. Mientras, en la cocina, Raquel mueve el arroz. 

Aramís Castañeda Pérez de Alejo
*Las palabras en itálicas corresponden a la nota de contraportada del libro Una tarde en el río de Rafael Altuna. 
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Autor: Rafael Altuna Delgado
Año de publicación: 1990
Colección: 
Zarapico
Editorial: 
Capiro
Género literario: Cuento

Reseña: Del hombre y sus contradicciones, de sus angustias e iluminaciones trata este libro. En él están analizadas las relaciones humanas y todos los vericuetos a que puede conducirlas un proceso de cambio, cuya esencia épica entronca con la materialización de sus más caras aspiraciones, a la par que las lleva, a veces, hasta la propia negación en aras de reafirmar las coordenadas de su permanencia. Estos son cuentos escritos con un estilo que, desde la sobriedad hemingwayana, nos comunican más con los silencios que con la profusa imaginería, donde el diálogo adquiere el inestimable valor de conductor de la acción, en tanto las descripciones son simplificadas a veces hasta la mínima expresión sin que con ello se resienta la estructura del relato.
Rafael Altuna Delgado (Santa Clara, 1945)

 Narrador.
Con su libro Una tarde en el río se inaugura la Editorial Capiro
Obra publicada
Premios y reconocimientos
• 1ª mención en el concurso 13 de marzo, 1974
• 1ª Mención concurso David 1976
Sus textos han aparecido en las revistas Verde Olivo, La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, y en los volúmenes de los premios y menciones de los talleres literarios 1979 y 1982, editados por Letras Cubanas.
En las editoriales de la provincia se ha publicado


Una tarde en el río
Publicado en Capiro en el 1990
Colección: Zarapico
Género: Cuento
Del hombre y sus contradicciones, de sus angustias e iluminaciones trata este libro. En él están analizadas
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Para leer más este trabajo reciente de Félix Luis Viera, en Gaspar el lugareño blog:

http://www.ellugareno.com/2011/12/en-memoria-de-rafael-altuna-delgado-por.html
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Monday, December 19, 2011

Capítulo 16 de la novela APOCALIPSIS: LA RESURRECCIÓN


Capítulo 16

 El presidente se dirige a la nación, a todo el que quiera escucharlo. Asegura que hemos hecho muchas cosas. Hemos transformado el país. Hemos contribuido a la transformación y consolidación del mundo. Hemos conseguido que los aviones vuelen, los medicamentos curen, las mujeres paran. A las mujeres les gusta parir y han empezado a parir y siempre quisieron parir y eso es importantísimo. No va a quedar una sola mujer luego del último tsunami pero mientras hubo mundo hubo mujeres, y sin mujeres no hubiera habido mundo. Las mujeres hicieron crecer al país y al mundo desde sus vientres, contribuyeron con sus vientres a que el país y el mundo fueran lo que son, supieron reconducir el destino del mundo repoblándolo, repoblando el país. Un destino, lo sé, que ahora se nos revela adverso, pero que en su momento aplaudimos fervorosamente. Hemos levantado torres interminables bajo el cielo. Conquistamos el sistema solar. Fuimos agricultores. Cazamos. Pescamos. Forjamos el metal, inventamos la rueda. La invención de la rueda revolucionó las relaciones de producción: Nos propusimos objetivos y alcanzamos metas nunca antes imaginados. Descendimos a las profundidades oceánicas, descubrimos el átomo, domesticamos al gato, al toro, al caballo. Tuvimos un mundo feliz durante ciertas épocas y durante ciertas épocas pudimos ser todavía más felices, pero la perfección es tan escurridiza como el tiempo. Hemos descubierto la cerámica, fabricado utensilios de cocina, elaborado recetas culinarias. Hemos puesto al alcance del gran público la radio, el cine, la televisión. Cierto que el mundo va a acabarse pero durante todo este tiempo hemos estado a la altura de las circunstancias. Nunca nos echamos atrás. Jamás flaqueamos. Siempre entendimos que habíamos llegado para quedarnos, para transformar el planeta, el universo, la vida, el sentido de la vida. Siempre supimos que estábamos más allá, muy por encima de las pequeñeces y los subterfugios, que no íbamos a rendirle cuentas a nadie ni esperábamos que nos las rindieran. Hemos aislado virus, removido ciudades, conservado en latas de conserva. Hemos puesto el verde sobre el verde y el rojo sobre el rojo. Somos hombres y mujeres de bien: Levantamos este país con el sudor de nuestras frentes y lo hemos engrandecido procreando sin cesar, sacrificando nuestros óvulos, úteros y espermatozoides. Las mujeres estuvieron donde tenían que estar, contestando al reto de la Historia reconquistando esa Historia. Las mujeres sabían, en su momento vieron lo que nadie había visto antes: Ahora que todo termina tengo una palabra de aliento para ellas. Ahora que todo termina mi más sentido homenaje a las generaciones de hombres y mujeres que por los siglos de los siglos constituyeron la Humanidad toda, con sus hallazgos y virtudes, miserias y desesperanzas. Esa Humanidad que desaparece con la lección aprendida, que no debe nada a nadie, que se ha forjado a sí misma a través de incontables desmoronamientos y reconstrucciones. Así, el derrumbe final no nos sorprende. No habrá reconstrucción esta vez, desde luego, pero tampoco lamentaciones estériles o celebraciones artificiales. Fuimos, estuvimos, cumplimos. Jugamos nuestro papel. No estaremos en los próximos días, pero recorrimos un trayecto, señalamos un camino. En los próximos días nadie tiene idea de qué sucederá, puesto que ya nada sucederá, pero cualquiera que sea el comienzo ―todo final prefigura un comienzo― siempre tendrá su precedente. Sabremos desaparecer con dignidad. Nos hemos constituido en principio: Somos lo que por fin, a fin de cuentas, finalmente ha desaparecido.
No se trata de un discurso elaborado, claro está. No hay estrategia definida, ni pragmatismo, ni cadencia, ni suficiente elegancia ―mucho menos precisión― en él. No hay mucho seso tras él. Alguien se ha atrevido a decírselo, que se olvide del discurso. Porque eso sí, hay emoción en sus palabras, se trata de una alocución emocionada. Alguien le ha pedido que sea sincero al menos una vez, o le ha obligado a serlo. Que las circunstancias lo ameritan presidente, no tiene idea de cuánto lo hemos esperado.
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