Thursday, March 18, 2010

LA FELICIDAD QUE NOS INVENTAMOS DESDE EL REGRESO.




Regreso de radio city music hall
con alcohol en las venas;
no he bebido sino bocanadas de feeling
no me he drogado como un tonto
que se siente extraño porque la tierra lo estremece
ni padezco de mi sombra ni otro vicio
ajeno de su lengua
cercano a otra ciudad que no sea esta
que no me devuelva cada angustia
y cada cerca de púas ,
aquellas que restringían a mi patio
como un drogado con la frialdad
de los aretes que le faltaban a la luna;
aquellas veredas donde esconder las lágrimas de vidrio
y cada laceración ridícula de vivir espantado
como un muñeco de palo en medio del arrozal
sin entender la libertad de las aves
que robaban los granos sin importarles la cosecha.

Regreso sin vicio con música en estas horas
donde todos regresan de alguna carencia
donde todos dejan de mirar hacia un mismo lado
donde hay tantas luces y caminos
que la vida recobra su esplendor
y las victrolas de los bares nos sorprenden
con sus idiomas.
Díos mío, cómo no supe antes que esto existía
desde cuál laberinto se manipularon la línea
la dignidad de las fronteras;
que ensañamiento puede ser más cruel
que las cicatrices que deja el alambre
como lo dijo Neruda, ¡en mi país alambre, alambre!

Regreso sin boleto
no necesito el de proletario
para colgar en consignas y sábanas
ni una pose de extranjero
ni otra sublime miseria;
que vuelva por el portón
contando los pasos que dividen nuestras riquezas.
No necesito jugar ya, el número tras la puerta
ni descuartizar las patas de la res
en los mataderos clandestinos
donde las cercas de púas
y los patios restrinjan aquellas almas
desaforadamente blancas;
almas que nunca partieron sin regreso
que ascendían sobre los fósiles
como luces de potreros.
No necesito olvidarme de los muertos de frío
de los desamparados que asumen su tragedia
que venden alcohol y luego se santiguan;
no puedo desde esta felicidad
nombrar solo esta patria que me acoge
este cincel de hierro que marca el pasado
por mucha vida que hoy me devuelva el deslumbramiento;
no puedo sentir que el frío u otra ventolera
abierta la celda lejos del guardián y su faro
me deje como balsa a la deriva
porque nada de eso borra
a ese espacio inmortal de los que se quedaron
y tampoco presumo que todos ellos
se sienten cómodos en sus literas de polvo
con las piernas cruzadas sobre un alma en cruz
y una vida que no puede asomarse
desde espejos rotos
ni la invisibilidad de Alicia a estas alturas
por estas vidrieras donde el mundo asoma
en la historia de la aldea
que ha visto una y otra vez degollar sus patos
que ha visto que Dios y Walt Whitman se parecen
y supo que Lorca, a veces, pone su lamento
en el mármol de todos los degüellos:
corneta, toque, toque el insulto
que pone como la cabellera de una reina
esos hombres que mueren
negros como carbón de chimenea
debajo de las más poderosas pasiones
debajo del tizne de quienes ostentan su poder
y tienen en la miseria del oro
en el odio que han acumulado de sus venganzas.
La ley de la zozobra y la paz del desencanto.


Regreso de estar vivo
y temporalmente lo celebro;
pero en esos instantes
otras vidas ayunan mi felicidad
otros cuerpos enjutos se agolpan en los hornos de pan
con la esperanza de la harina
que cuece en el alma como niebla o centeno
que duele sin ser himno y es el himno
de aquellos rostros que hoy regresan apaleados
vestidos en el blanco desde otro esplendor
que las voces sordas le disparan
y las madres que pudieran ser matrias
lloran como perlas, un llanto
que son esos gallos que asustan
el luto de las almas más austeras en la madrugada;
ánforas que se desvisten ante los ojos de Dios
como aquel verso de Whitman:
No digo estas cosas por un dólar ni para matar el tiempo
hasta que llegue el barco.

Regreso de la nada que perdona
esta sencillez que a veces pudre
y otras engaña mi papel de héroe
y triunfador en otras aceras
de las esquinas desde donde también
vuelven, los adioses para ser perseguidos
de las sombras y las dudas y las malas lenguas.
Siempre se vuelve al lugar del crimen
con o sin música en las venas;
siempre se vuelve como uno de esos danzones
tras un abanico donde las casualidades posan
esa costumbre de tener dos patrias
tan oscuras,
como Cuba y la noche.

Monday, March 15, 2010

Poetas de New York : 20 años después de una breve antología.





Una crónica bajo el agua por un encuentro sin fronteras




Los viernes sociales por las tardes, me gusta mucho seguir mi descubrimiento de Manhanttan, y amaneciendo regresar a casa, que si bien no por el canto de un gallo, si por esos reflejos de los rascacielos en el río Hudson, el aroma de un buen café Italian, o french roast y por qué no, después de sentirse bohemio como la luminosa ciudad tan mencionada por Walt Whitman. Pero el viernes pasado, Marzo 12 del 2010, la lluvia y el viento fuerte, no invitaban a la acostumbrada rutina, aunque tenía una razón más poderosa para irme a Manhanttann, exactamente al Baruch College, donde conocería a Odette Alonso, la poeta cubana y narradora que por muchos ya, radica en México.


De modo que bajo el paraguas sin que me importara ese mar de taxis amarillos, ni el viento por rachas, insostenible, ni otra razón que la de ir en busca de la 24st y la avenida Lexington donde se ubica esta universidad, hacia su séptimo piso, en el room 7-150, caminé sin que nada me quitara el entusiasmo. No sabía que allí, tres ponentes, tendrían una conversación amena justo frente a cinco de las más importantes poetas cubanas radicadas en New York. Esas poetas son Magali Alabau, Maya Islas, Lourdes Gil, Alina Galliano, e Iraida Iturralde.

Desde las últimas filas, en un room bastante lleno, podía ver la mesa de las ponentes, Perla Rozencavaig, de Columbia University, la cual leyó Revalorización de una poética en cinco movimientos, muy acertado acercamiento a los estilos, formas y motivos de la obra poética de las cinco poetas exiliadas. La otra ponencia, de Odette Alonso, Universidad Autónoma de México, muy interesante, que no sólo fue leída con esa voz tan agradable que tiene esta modesta mujer sino porque pude constatar que esa música con la que expone sus ideas está integrada a su personalidad, la que me acercó generacionalmente a esas lecturas que como ella, pude completar y entender luego de partir hacía espacios exteriores; Díos mío, cuánta literatura exitía fuera de esa recurrencia de toda isla con la maldición de las aguas por todas partes, y que solo, situación que uno ignora no por voluntad u ocio, desconocíamos por barreras ideológicas o políticas impuestas. Muchas veces, esta zona, este otro 50 por ciento, de los que sin dejar de ser cubanos, nos trasladamos a vivir y por qué no, somos ya aplatanados de otra cultura, que siendo en los primeros años la extraña adquisición, hoy es nuestra nueva casa, y mucho más de lo que como dijera Martí, encierra, su: Patria es humanidad. El título de la ponencia de Odette Alonso: Una estrella de cinco puntas: mis poetas de New York, tocó además el tema de una antología alguna vez preparada por ella y que por esas causas, que no azares se encuentra inédita, en el oscuro sueño de un colchón editorial. La tercera ponencia de Elena Martínez, de Baruch Collage, CUNY: Poética del espacio: aproximaciones a la poesía de Alabau, Galliano, Gil, Islas e Iturralde; como las anteriores, muy amena, muy completa como estudio a fondo de estas poetizas y también por los detalles y comparaciones de sus estilos, y la apropiación de una manera de decir dentro del nuevo contexto vivencial donde por muchos años ya, respiran las cinco poetas.

Luego vino otra parte interesante con las preguntas del público, muy enriquecedor, desde los alumnos de diferentes nacionalidades y culturas que indagaron sobre la presencia de la identidad en la poética de las autoras, las cuales coincidieron, incluída Odette Alonso, (de más reciente generación sobre las cinco homenajeadas), que no había una ruptura de la identidad cubana porque los nuevos matices incorporados la enriquecían, desde perspectivas diferentes pero igual esencia, que solamente se trasladó y sin dudas tomó las alas de la libertad que siempre permite el progreso de convivir con nuevas fronteras culturales. Hubo una pregunta también importante, de un señor cubano, sobre si ellas no sentían que les habían robado algo en estos largos años de exilio, y todas dijeron que no se sentían robadas, por lo que pienso que son las nuevas generaciones de cubanos, las que mientras no tengan como materia de estudio a estas poetizas y a muchas otras ramas del arte que se escribe en la diáspora, serán esas generaciones las robadas de un conocimiento, que no debe restringirse bajo ningún concepto que no se perfile dentro del canon del arte que siendo cubano, amén de donde se viva, no puede dividirnos, y que no debe tampoco sólo estudiarse, ni sacado con pinzas, cuando el autor este muerto, como ocurre de nuevo dentro de nuestras aguas, allá en la isla, donde se van reincorporando a la historia de la literatura cubana, autores desterrados que van desde Gastón Vaquero, Reinaldo Arenas, hasta Guillermo Cabrera y otros muchos en una lista distinguida, pero que después de tantos años en el silencio, (años y muerte por medio), regresaron, y es aplaudible, pero no debería ser –repito- en el después, (el impostergable tiempo donde la ausencia duele), sino ahora mismo, en este minuto sin necesidad de que lo impidan otro valor sustancial que no sea nuestra nacionalidad y el peso de la obra dentro de nuestra cultura.

Otras intervenciones que me quedaron de recuerdo, tuvo que ver con el título de este homenaje Poetas Cubanas de New York, ese –de- que en la opinión de uno de los presentes quizás restringía el alcance de las poetas desde una geografía, pero se llegó a la conclusión que se hizo a propósito, no solo porque ellas viven en la megacity, y porque Manhanttan también es una Isla, sino por aquello que un guajiro cubano que se retrate en el Capitolio de La Habana, no es lo mismo, como proyección de su identidad y de darse a conocer que un guajiro sin foto ante ese rostro que simboliza, un lugar geográfico, imposible de ignorar, como ocurre también con el face de la ciudad que nunca duerme, y todos sus símbolos.

Muchas otras intervenciones, provocadas por las lecturas de las ponentes y por las homenajeadas, fueron -igual a las de arriba citadas- muy abarcadoras; según dijo una señora, como sentados en un portal de casa cubana mostrando sus vidas, ambiente que respondió Odette Alonso, a una pregunta sobre la continuidad y presencia de muchas de las mujeres poetas que se quedaron y viven en Cuba, generacionales con las cinco homenajeadas y otras más cercanas a la misma Odette y las de última generación, no hay diferencias muy marcadas en intereses a comunicar, continuación de ese tono femenino, sin ruptura que las diferencie desde la calidad de sus versos hasta esa expresión de un estado de ánimo que como confesionario las comunica a todas, no importa si muchas no se conocen. Por último, la presencia, también en primera fila de Gladis Triana, quien hizo el dibujo de la portada de esa primera antología trabajada por Felipe Lázaro, de la que se celebran 20 años, fue muy grato la anécdota sobre la que se inspiró la artista en Homenaje a Alexander Exter, 1987, exiliada que también hizo catarsis en ese estado que provoca la más universal de todas las carencias, que es el dolor del destierro, la memoria de una identidad que nadie podrá robar nunca, ese hilo por el que todos los presentes entendimos el dibujo, que quería abrazar entre muchas fronteras el sentir de la lejanía y la presencia de las obras que han marcado a estas escritoras del mundo.

Wednesday, March 10, 2010

POEMA EN BLANCO PARA UNA PÁGINA OCULTA





El placer, si se prolonga
en dolor se ve tornado
pero el dolor prolongado
en un placer no se torna.
Aryadeva (Cuatrocientas estrofas)




En el banco cerca del bosque
donde estuvo el camino
sin que pueda entender hacia dónde
dos señoras conversan;
no es el banco
es la claridad del día quien las sostiene
y la tibia ceremonia que está en sus gestos
que también en mi nostalgia se acomoda.

Ellas vistas desde arriba
como trepado a un árbol
copioso tal vez desde la niñez fecundo
tal vez en la memoria preso.
De lejos sus rostros se pierden
son espuma.

Otras, puedo leer sus labios
como vuelven parecidas a las aves que se posan
y otras, se aquietan sus ojos, casi inertes
cuando las veo reclinarse.

Como estatuas de arena
sus colores blanquecinos me nublan
y son como aquellas dos flores marchitas
pero no importa…

Y dentro de la página voy
príncipe del primer latido
donde alguna vez estuvo
la huella seca de la señora adulta
que siempre sonreía al saludo de mi padre;

la huella de una lágrima
y por qué no
el sabor que despiden desde entonces
esos rostros fugaces
que nos entregaron todo
sin decir un nombre
sin que un banco y dos ancianas
puedan evitarlo.

Tuesday, March 9, 2010

Una cuestión de estilo II



La historia (ya refiriéndome al gusto de leer a los escritores pocos conocidos, pero que conocemos, además, detrás de la escena) no es lo que pudo haber sido o no fue, sino lo que es y no puede ser cambiada a partir del gusto, -o de un disgusto-; ni tampoco, es esa historia real, una visión que simule lo que aconteció. No hay trueque en esto, no es una transacción de mercado negro, y aunque nos parezca una contradicción, casi siempre lo que un autor escribe con calidad va a superar su modo de vida o su muerte, sobre todo, (como dije en el post anterior) cuando la biografía es más corta o tiene más de leyenda que los niveles de lectura por los que el lector se apropia y vuelve a sus páginas.

Hoy les presento un poeta que escribe desde un pueblo de provincias, que me parece alguien muy importante por lo que expresa en poesía, y en narrativa; alguien que he vuelto a ver desde la lectura de sus textos poéticos y siempre me llena de emoción y de un gran aprecio y respeto como lector porque me inspira; (aunque para ser sincero o exacto) en algunas ocasiones, de la parte que va del filosofo al existencialista, me ocurre lo contrario, no siempre puedo repetir o terminar la lectura; y no es por cuestiones de que sus textos críticos, artículos y otros, no logren ser interesantes, o que haya mal valorado esta zona de su quehacer, pero sin que le falte profundidad en sus planteamientos, ni tampoco conocimiento del tema, me parece le falta fluidez en el uso de un lenguaje que de ser posible, podría concretarse sin el vicio a ser demasiado artificioso, o para decirlo desde “el marco de la provincia” menos recurrente a cada momento del diccionario, o menos trabajoso como avanzar en su lectura; pienso y luego existo para afirmarlo, sería conveniente para él, como un paso de transgredir la comunicación con su mundo inmediato al exterior de esas fronteras literarias, donde, ( a lo mejor me equivoco) el lector anda más de prisa y abarca desde un medio (como la Internet, por ejemplo), muchas lecturas, ventanas abiertas al conocimiento, pero con ardid de ser amenos, una cuestión de estilo, si pudiéramos definirlo. Y por qué no, como lógica de que toda idea que trasmite una comunicación social, necesita (desconchinflarse, no encerrarla en el tropo por su definición). La palabra necesita fluir sin perderse el hilo coherente que nos guíe, incluso, cómo léxico(1) y música a los oídos, y al sentido; se hace imposible entonces, cuando tantos laberintos de significantes nos agraden y necesitamos una cuerda (y al menos la luz de una vela), para llegar al final, como los personajes de Samuel Clemens (Mark Twain) Tom Sawyer y Becky Thatcher perdidos en la cueva.

Estos poemas escogidos del libro Los apagados muchachos del verano, son desde mi rasero, eventualmente, su mejor carta de presentación: la de un poeta con grandes dimensiones, aún desconocido por muchos que viven lejos de su pueblo, pero que están escritos con lo profundo de quien sabe llegarnos a ese lado claro donde no se alimenta otra cosa que la sana trascendencia, donde es imposible el rencor, donde se abre como flor de loto al mundo las huellas de su agonía y nos dice:


Acerca de un tipo ínclito y otros sucesos/

No tengo una abulia que me permitan, como a Van Gogh, interceder ante el mundo por un pedazo de oreja./ La oreja como un remo/ para ir en busca de todos los asideros posibles./ La oreja como imagen de un viaje colmado de advertencias,/ viejas advertencias que gastan la imagen./Estos girasoles (los de él) no son aquellos suspendidos en aceites,/ están ahí para indicarme cómo abandonar un país de sílice/ a través de mil ranuras, mil tribulaciones/ que no figuran en las calendas griegas,/ ni en las calendas cubanas, ni en Huxley,/ ni en Mesopotamia./ Estos girasoles son aquellos que nadie consideró luminosos,/ presuponen la estética de cualquier fatalidad/ mejor que un perfume de nueces;/ me hacen repetir:/
<<sufrí tanto que creo haberme ganado esta cúspide>>



Juan Carlos Recio
NY/ Marzo 9 del 2010


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(1) consúltese Clasificación morfosintáctica del léxico para un diccionario de uso de la lengua
Aleksandr Sadikov
Universidad Pedagógica Estatal de Moscú, en
http://hispanismo.cervantes.es/documentos/sadikov.pdf
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Según Teresa Melo los altoparlantes
Piden el hermoso sacrificio.
Yo introduzco algunas variaciones



La palabra sacrificio fue escrita en la arena,
lugar difícil, su objetivo es el tránsito,
la premonición del bañista,
hombre neutral que fijó la vista en el horizonte
por un tiempo indefinido.
La vista fija en un punto fijo
como Ulises en su momento.
Al escribir sacrificio en la arena
estamos retrasando la comprensión de sus imágenes.
Imágenes del sacrificio
que alguien se empeña en separar
de los eternos sacrificados
mediante un hilo de madréporas,
mediante humo y telones de fondo
como en el teatro victoriano.

Al escribir sacrificio en la arena
se corre el riesgo de que la multitud
(ese muñeco rellenado con paja de maíz
y siempre listo para trepidar)
piense en una palabra bíblica
o en una profecía en latín,
nunca en una literal invitación al sacrificio,
gesto que implica el atolondramiento,
la docilidad de un buey.

Multitud e inercia son la misma cosa:
islas ínfimas agrupadas
en el límite de todos los mapas,
su misión no es adherirse a los grandes dilemas
sino permanecer en la superficie
como la pisada de un caballo,
solo que uno no percibe mucho tiempo después
cuando la palabra sacrificio y su descauce
se instalan definitivamente en nuestros cuerpos
cual un tatuaje de preso, o de marino.

Moisés llevó la palabra sacrificio al desierto
único lugar posible para tan abstracto vocablo;
de ahí que sacrificio sea hoy
una pasiva actitud de ameba,
un exagerado movimiento de ballet al final
de la tarde.
No se llega al sacrificio por ninguna ley física
conocida,
se llega por descuido y también por pereza
y a veces por puro deseo de coquetear
con el gendarme y su retórica insulsa.
Si uno tiene dos peniques no debe apostarlos
al animal que representa el sacrificio,
que se desdobla por él en cada función del circo.
Eternizados en la orilla del sacrificio
como un nadador penitente o incapaz
andan los eternos sacrificados.

Siempre al centro del borde más errático
de la palabra
o al centro de sus diez letras góticas,
escasamente útiles para un hombre victoriano.


Los versos de mi hermano



A Taty Ferrer.
Mi hermano, su gallo y el poema:
una soledad que duda de la simetría de la ley.
Una soledad como de nematocisto, casi estridente,
se pierde a veces cuando una tiza
delimita su mundo del nuestro.
Mariano pinta su gallo ámbar
y mi hermano lo saca de contexto pero a contraluz,
salvando el contenido, desdeñando la forma,
el arabesco dorado encima de las plumas.
La ley es itinerante y procede con mal gusto
de siempre
con su desamor a los mundos caóticos
donde mi hermano y su gallo levitan bajo la ceniza.
Hay, como es obvio, una canción de cuna detrás
de los establos


y un crisantemo del año anterior en el ojal
de mi madre,
o demás son las imágenes a ras del suelo,
imágenes superpuestas que nada dicen o esclarecen.
Parecía como si mi hermano y su gallo
vivieran en el mejor cuento de horror de Poe
o vivieran a gusto en esa estética ungida
en el desatino,


en la poca originalidad de la ley
que no pudo ver más lejos que Moisés.
Hay un cristal inmenso o una oquedad inmensa
que me separa de mi hermano y su gallo;
del otro lado el poema hace su curpus cristi
en la llovizna.


Es una realidad de aguafuertes:
mi madre reza para que mi hermano y su gallo
no sean extrapolados al mundo de lenguaje y sordina
de la ley.
Mi madre reza.



Ascensión al Tíbet


El Tíbe no existe.
Apenas la palabra Tíbet se roza con otras más dóciles.
La cuerda que debía permitir el escalamiento
era frágil como palabra de muchacho
en días de solsticio.
Lo inventaron. Arañas destejen su altura,
su apretado círculo de providencias.
Inventaron el Tíbet, quién lo duda.
Primero el espejismo en los billetes de a uno,
luego el siamés indeciso a la hora de cortar su mitad
con un pronunciamiento de aguas.
Existe Buda.
Su rebaño de palabras es una circunstancia,
no un hecho concreto.
Él es, digamos, el pastor
y las palabras son, digamos, su colonia de ovejas
deslucidas.
Existen los tibetanos que cantan Yellow river
y fuman cigarrillos sin abolengo en los trenes
y olvidan.
Igual a los hombres que fuman cigarrillos
sin abolengo
en las películas y olvidan.
Quién los convence de echar a un lado
su pareja de remos ingrávidos
y su vieja mentalidad de barqueros fenicios.
Quién de volver a los sesenta, volver a los setenta
como por implosión o algo que al raspar una pared
sugiera levedad, o sugiera que el tránsito fue lento
como de salamandra a persona.
Se ascendería al Tíbet por una cuerda de ahorcado
familiar,
por un submomento de alpinista nacional,
si no fuera porque el Tíbet
es una dirección de correo en alisio, en el céfiro,
o en cualquier otro viento más o menos famoso,
si no fuera porque ascender es una forma verbal
no muy definida que digamos.
Se finge en el Tíbet, cómo no.
Cómo no decirlo: la flor del Tíbet no alcanzaba
ni a pedazos como la itinerante flor de nadie.
Y es difícil jurar lealtad a un asunto itinerante.
de ahí a la fatiga solo hay un respiro.
Pero el Tíbet no existe.
No para mí que he vivido a dos pasos
del infierno.
O a tres si contara mejor.
Nunca seré el buen tibetano,
ellos lo dicen y es como decir el premio
y el castigo.
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José Luís Santos Muñoz
(Santa Lugarda, 1968)


Poeta y narrador. Ha publicado los libros Escaleras al cielo, Ediciones Sed de Belleza, 2004, y Mónologo de Jean Basquiat, Ediciones Capiro, 2005. Ha obtenido mención y primera mención respectivamente en los concursos David y Eliseo Diego (2001) y los premios provinciales de cuento Enrique Labrador Ruiz (2004) y Onelio Jorge Cardoso (2000 y 2005); finalista en los premios La Gaceta de Cuba y Ser en el tiempo. Antologado en Tercer libro de Celestino, Ediciones Holguín, 2003
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Monday, March 8, 2010

Una cuestión de estilo I



Como en todo blog, uno no necesita decir algo novedoso para crear polémica y tampoco la repetición de ideas ya conocidas pueden hacerte recapitular tus intereses a comunicar, puedes darte el lujo de decir: como ustedes no descubro nada aunque saque la lengua y me la tejan.

Las razones extraliterarias siempre han estado de moda, es una especie de carta de presentación de las generaciones. Lo peor es cuando te las quieren imponer desde un acoso, un atrincheramiento barato, o un prejuicio de patrioterismo que no fue fundado sino en el miedo y el anonimato. A veces, es tan manido como un lugar común y parecería una frase más, a veces célebre, a veces demasiado rosa o, aquello que pretendiendo imponer un estilo termina por ser una burda maniobra. Hay quienes cuestionan todo, con una exageración poco luminosa que roza el extremo contrario que se quiere criticar y abundan en ellos, tópicos de camuflaje de libertad de expresión como consignas, también baratas, y que de no asumirlas, te suben a la palestra para que puedas ser apaleado, al menos desde un linchamiento verbal. Ser flojo, sería sumarse como: < un número más entre la masa gris y que súbitamente el dragón de la colectividad abre sus fauces…> Por suerte, no es mentira que al igual que el gusto no da la calidad de una obra, una obra de calidad siempre va a superar lo personal del autor, viva donde viva y haga lo que haga; sus lectores (hablo, los de talento, no los que sólo leen en el pie de firma o tal o mas cual militancia) vienen por su obra; sus personajes hacen catarsis y a lo mejor regresan, pero lo que ocurra en su vida, trascendente o no, tal vez hasta importante, en ocasiones no lo excluye de padecer la ignorancia no solo de las instituciones, también de la sociedad, y lo peor es cuando esta exclusión ocurre por las "calumnias bien redactadas" de sus detractores; otras, el autor tiene un aura de leyenda cósmica y toma fama, algunas veces se exagera, pero el tiempo de farándulas y de vivir de forma extraordinaria, no se da en la historia real todos los días como un paralelo que lleve al mismo compás, ambas cosas. En nuestro tiempo, (este presente de confrontaciones y catástrofes y de la velocidad con la que el mundo mueve sus noticias), un escritor necesita una obra de peso que lo represente, mucho más que una pose, un compromiso social u otra actitud que se refiere a complacer desde su vida personal, para ser reconocido por antologadores, redactores o simplemente su ego del triunfo. Las razones por las que creo esto, vienen también de una frase: "hay muy buenos escritores hoy en día, pero no muchos lectores con talento."

Pienso que abrir tu mente a alejarte de un sentimiento que trascienda el patio que es toda provincia, no tiene que significar ruptura ni física ni verbal con quienes allí se quedaron, entiéndase al grupo de amigos, siempre que esto no te obligue a comprometer tu ética o, a definir posiciones que no están en tus intereses de relación literaria. Y otras razones por las que lo considero importante como pluralidad es: que los que aún escriben desde la provincia, no se vean limitados a delinear su horizonte como si el mundo fuese esa provincia, o las ideas que abran, quieran delimitar un discurso cultural que sólo sostenga las premisas concordantes hacia el interior de ese discurso.

No quiero ser absoluto, pero la más difícil de cuantas razones nos toca apreciar, es cuando debes o sabes que una buena obra literaria, no tiene por qué sufrir el mal gusto de ser evaluada a partir de un rencor, una herida no sanada, o cualesquiera, otras razones, fuera del epicentro de la trascendencia de lo que el autor escribe. Sería mejor ignorar al autor como persona, (incluso, es permisible con tus intereses personales, ni siquiera es un delito), pero nunca deberías desacreditar su obra en base a las cuestiones que de él aborreces, porque no sólo te conviertes en lo que ese individuo representa para ti, sino que te consume en una mediocridad -que lo quieras o no-, no va a determinar en nada sobre la utilidad social de la misma; y porque los lectores en general, van a seguir en la lectura de esa buena obra, por su calidad estética, (y sin que por mayoría les importe) repito, a que se dedique o no el autor o, quién es en su vida.



En Proverbios 3- versículo 21 leemos: “ conserva siempre el buen juicio, hijo mío, y no pierdas de vista la discreción, pues serán para ti fuente de vida y te adornarán como un collar”.

Reinaldo Arenas por ejemplo, excelente escritor, no deja “títere con cabeza”, (por muchas razones personales, o de drama sufrido), a la hora de relatar anécdotas muy íntimas sobre amigos y conocidos, no medía descalificaciones sobre la vida del otro; conozco un caso en particular de una persona de la que doy fe de su calidad humana y de su obra literaria. Visto por el ojo más crítico de Reinaldo, aún cuando eran cualidades del literato usar el arma del sarcasmo y la carcajada y de cuanta lectura caricaturesca desde fuera nos parezca más que morbosidad, historias bien contadas, si la comparo con su obra, revelará que más allá del “bonche y del cubaneo", esas supuestas confidencias de personas por él conocidas y que terminaban siempre muy mal paradas, no dejan de ser tópicos de balcón para jugar un poco con su fraseología, y estoy convencido, (siempre desde el lector) que, rencor, ajuste de cuentas y todo lo que se cocinó detrás de su literatura, terminó por convertirse en un ajiaco que lo único que no contenía era, sentimientos de pudor, ni azar, donde después de todo, alguien podría quedar a salvo de su lengua; (fuese verdad o mentira), o nada más que esa amargura que le acompañó hasta su muerte y de la que creo puede ser perdonado, porque lleva en ello menos culpa. No pudo elegir otras circunstancias. Estoy convencido, además, que nada de lo antes referido, es más importante que su novela Celestino antes del alba, ni que el resto de su obra o, su postura de enfrentamiento que llevó con coherencia en su maltratada vida; por eso siento, que sus palabras más crudas (me refiero solamente a sus ataques con anécdotas personales) al margen de su libertad de escribirlo, son hojarasca. Me resultan más trascendental ese mundo mágico descrito con originalidad de estilo en su narrativa, a la que he vuelto "porque segundas lecturas son mejores"; y que avalan a sus textos, también, desde una cercanía con lo emocional y con la fantasía que desde niño proyectó como refugio de todo lo negado.

Las demás valoraciones fuera de la calidad literaria, de quien escribe, es un derecho del lector y parte de la historia del autor, pero te pueden llevar a todo tipo de lecturas subjetivas, convenientes con tu ética, tu ideología o tu concepto de dignidad humana, pero no siempre te garantiza la vigencia de él, por mucho que pujes, te irrites o protestes, no es ese "tipo de parto" una cuestión que se acomode a tus juicios de moral, así, el escritor sea buena o mala persona, pertenezca a este o aquel -otro grupo social- y lo ves como una proyección errada, no es esto lo que lo hace un mediocre, ni es un estigma que sus textos van a cargar, basado además en una crítica que tu supones deshonra hasta su obra literaria; como si el arte a ese nivel de logro estético, pudiera ser sentado ante un juez por buena o mala conducta. Dante, no tendría, supongo, un Infierno hasta nuestros días, sólo porque los puritanos pensaron (presumiblemente) que él era, un poseído del diablo. Sé que hay muchas salvedades en la historia de la literatura, de quienes fueron también muy famosos y enriquecedores desde su vida, la lista sería extensa, pero no es de los clásicos de los que me interesa hablar, sino de esos muchachos de provincia que escriben sin que todavía sean conocidos detrás de los océanos, y corrientes, que no siempre pasan sobre el cielo de su casa.

Juan Carlos Recio/ NY/ marzo del 2010

Monday, March 1, 2010

DE LAS DERROTAS.



Muchas veces a través de los boleros cantados por Elena Burke, los de Omara Portuondo, Las D' Aida, -con esa peculiaridad de cada una de las interpretes-, hice catarsis de mis derrotas o de mis desventuras, otras gocé a plenitud con tanto derroche de talento. Pero, en poesía, todo, hasta el deslumbramiento inmediato, te lleva a una reflexión más profunda, que no tiene siempre ese flash del momento, exclusivo en ese ámbito, parecido a esa fugaz mirada ante el espejo a ver cómo andamos; no digo que los boleros y los que nos conceden estas glorias de la música no queden como huella en nuestro archivo mental, pero uno regresa a él, a veces hasta por repetición, sin que predomine un sentimiento que sea reflexivo o de catarsis, a veces es puro melodrama de un estado de ánimo y otras, salida ante un enfado o cuando queremos ignorar a alguien y nos ponemos a cantar el bolero, sin el feeling de las glorias, claro.

Pero en la poesía, lo que queda, porque nos marca más allá del coqueteo con el sentimiento, es otro reflejo mayor, que no se detiene en lo temporal, ni en la agonía de padecer una espera, ni en la victoria de ir nombrando las derrotas por asumir las cosas que nos han tocado vivir; y también con dificultad, que no es precisamente solo apariencia. Claro, se encuentran versos y poemas que de pronto nos divinizan, y la alusión temporal de lo que uno vive en ese instante, y que perdura cuando releemos, fluye y se compara con los temas que aborda el autor, cuando él lanza antes que tú, un disparo de claridad que no se queda en la acción simple del disparo, que es además, la herida, el asunto, el motivo y lo que abarca en términos estéticos, y que luego de visualizado, permanece en esa zona donde uno recoge todo aquello que forma la memoria o, para ser más explícito, tu librería cerebral.

Luego, dejamos de ser lectores y tomamos estas maravillosas formas de comunicar, como si fueran nuestras: una parte que se incorpora y se coloca en las postales que te son imprescindibles, en el álbum que no queda en el gas de la metáfora, es más autentica, tiene el perfil de las cosas que amamos, por ser perfectas, buenas, repetibles y sobre todo, no constituye un plagio apropiártelas, sino una forma elegante y sensible de decirle al autor, cuanto le reconoces y respetas. También son formas que tienden a la parábola, como si sus ideas fueran Proverbios de las experiencias gratas o desagradables, sabiduría como el Eclesiastés, y pasión como el Cantar de los cantares. En Las derrotas, uno encuentra una perspectiva más abierta a reescribir o replantear lo que ha sido nuestra vida, sin esquemas de conceptualización como lo hace el referente bíblico antes citado, no sólo en términos de lo que logra trasmitir su poética, también porque el poeta nos hace parte de esas derrotas, las que siempre trascienden al recuento inmediato, al día, (en blanco y negro), como un espejo donde mirarnos: de victimas o de victimarios, no importa en que lado te encuentres, eso no te excluye de padecer.

Alberto Rodríguez Tosca, hace mucho se ha incorporado a esa catarsis generacional, y tiene sus títulos muy bien colocados en nuestra biblioteca, sus libros si lo hemos obtenido, no están en la función del adorno, tienen esa cercanía, adonde recurrir, como nos pasa con la voz de Elena Burke o la de Omara, sin esa peculiaridad no podemos apropiarnos con todo el contenido, sin esa voz, no tendría sentido lo que se dice, o al menos solo la mitad.
Las derrotas es el último libro que incorporé de Alberto Rodríguez Tosca, antes solo contaba con Todas las jaurías del rey y aún sé me faltan otros libros de poesía del autor. Pero hay en la primera página de este libro de Ediciones Unión, 2008, una carta, especie de prólogo de Rafael Alcides, que aborda con exactitud la poética de Tosca y nos ayuda mucho este ejercicio de descubrimiento, es por ello un libro más completo. Cito textual un párrafo de lo escrito por Rafael Alcides:

Aquí, en este catálogo de las breves semanas del hombre, en este poemario de fulgurantes imágenes, están todas las culpas, todas las dudas, todos los miedos, todas las melancolía, todo el infierno, en fin, está el hombre secreto que va con cada hombre en nuestro gran barco, ese hombre a veces cortés, servicial, siempre esperanzado pero, también, siempre temiendo, siempre extraviado. Estos versos llegan con un lenguaje renovador a traer algo nuevo a la Poesía, a abrirle nuevos caminos, a dotarla del salvaje y a la vez sagrado viento de cuaresma que inexcusablemente, por dondequiera que ella pase, ha de dejar sonando, batiendo, llevándose, cuando menos, los sombreros.



Juan C Recio.
NY/ Marzo 2 del 2010

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Derrota:
(Del latín Dirupta, T.F. de Diruptus, roto.)
Fracaso, frustración, pérdida, desgracia, revés//
Vencimiento de tropas enemigas
Por lo común en fuga desordenada//.
Mar: Rumbo o dirección de una nave//
Levantamiento de la prohibición
para que el ganado paste en un coto.
Diccionarios


Reconozco hoy que he fracasado;
Sólo me pasmo a veces,
de no haber previsto que fracasaría.
¿Qué había en mí que pronosticase un triunfo?
Yo no tenía la fuerza ciega de los vencedores
o la visión certera de los locos.
Fernando Pessoa.

Lo sabemos
-he aquí, por fin, nuestra victoria rencorosa-
es hondo y lo sabemos:
con cal y mugre y lágrima y suspiro…
Héctor Rojas Herazo



(citas tomadas del libro Las Derrotas)



AQUí COMIENZA LA ENUMERACIÓN
DE MIS DERROTAS


las que me propiné me propinaron. Les ordeno marchar
en fila india como bestias
marcadas con broquetas de azufre a la vista de una
horda de ángeles. Les tapo
los oídos para que no se distraigan con la euforia
de los triunfadores. Las beso
en la boca para que se distraigan con mi beso
mientras pasa la quinta columna
de los hombres felices. Este lunes,

mis derrotas y yo nos pusimos de acuerdo
para mirarnos a los ojos.
Ya nos estamos viendo, rozando con los dedos,
casi amándonos a la sombra
indiferente de un cielo en llamas: amigos idos,
cuerpos enfermos, espíritus
en ruina, vinos baratos, endiablados alcoholes;
heridas en la cara, lenguas
traidoras, mujeres en fuga, puertas clausuradas;
plegarias, miedos, hambres,
hembras, hombres; cansancios, fiebres, filias,
fobias; héroes, mártires,
extravíos de fe; hojas en blanco, naves a la deriva,
falsos poemas, entierros, destierros,
nombres propios, recónditos adioses, una isla,
mis 38 años, todas las tumbas:

mi madre en una de ellas, y el polvo, polvo, mucho
polvo cayendo sobre la realidad
como chispas de agua sin consagrar en un bautizo
embrujado. Ya fueron
despedidas todas las plañideras. No habrá lamentos
pero habrá un gemido.
Un solitario gemido de papel a la luz de dos lunas.
La mía, y la vieja luna
del mundo sobre cuyas laderas se acuestan
con la muerte todos
los derrotados.



Buenos días, siglo.
Por fín nos encontramos.
Ojalá no hayamos llegado tarde a la cita.


LUNES
los muertos y la luna


al milagro de nacer suma el milagro de vivir
al milagro de vivir suma el milagro de seguir
viviendo no preguntes por qué no preguntes
conserva tu ignorancia sobre la seducción
de los escarabajos nocturnos ladea el rostro
y esquiva la estocada de esos arqueólogos
del conocimiento compra un ramo un ramo de espinas
y sale a repartirlo cada peatón espera con ansia
su pequeña mordedura de plata no preguntes
por qué no preguntes simplemente camina y
al filo de la noche acércate a una vidriera
contempla fijamente tu rostro como si fuera
de otro (en realidad no es tuyo) eso otro sabrá
explicar lo que sucede después lava tus manos
en todas las pilas bautismales sécalas con el viento
y con la punta de un alfiler invisible pídele a cada
dedo una gota de sangre (diez gotas de sangre
para colorear las pupilas del anciano que te guiará
con su noble ceguera hasta el mejor destino) confía
en el ojo pero no en la mirada no mires hacia delante
no mires hacia atrás no mires camina simplemente
camina y ruega porque ningún desprevenido
reproduzca el juego (es peligroso jugar cuando
se borraron las reglas de antemano) no preguntes
por qué no preguntes por qué no preguntes lo que
sólo los muertos y la luna podrían responder.




MARTES
naufragios


no haber podido pronunciar más de tres veces
el nombre de esa mujer sin que descendiera
de una nube su implacable dedo índice para
culparme de su odiosa levedad temer a la multitud
y a las alturas dormir hasta las once y despertarme
con la nefasta sensación de haber perdido las uñas
de las manos y el tiempo rodar como una roca por
mis propias palabras y estrellarme contra un muro
de gente hablar más de la cuenta y de lo que heredé
(no heredé ningún don salvo el de una escritura
que huye) tocar la puerta equivocada siempre abrir
la puerta siempre a la hora equivocada soñar
todas las noches el mismo sueño con los mismos
monstruos (monstruos de la vida real espantajos
refugiados en mí desde que me enamoré del olor
de la sangre y aprendí a respirar sin tus pulmones)
no haber crecido al ritmo de mi edad cuando mi edad
crecía al ritmo de un meteorito perseguido por una
mariposa insistir en inventarios de lo que nunca
tuve o fui regresar cada mañana a la misma solitaria
estación a ver pasar el tren (decirme adiós) y luego
volver a casa acostarme en el suelo con una botella
de vino entre las piernas y aguardar el rostro del
desconocido en la ventana para señalarme en el reloj
de arena los desmanes del día y la hora de morir.



MIÉRCOLES
se puede no se puede



con los traidores no se puede
con los traidores sí se puede sólo
hay que darles tiempo para que ordenen
el crimen con los charlatanes no se puede
con los charlatanes sí se puede sólo hay
que darles agua para que escupan
su baba con los asesinos no se puede con
los asesinos sí se puede sólo hay que
darles la noche para que asesten el golpe
con los falsos profetas no se puede con los
falsos profetas sí se puede sólo hay
que darles la mano para que hieran el ojo
con los amores imposibles no se puede
con los amores imposibles sí se puede
sólo hay que darles un mapa para que
entierren la agua cuídate de los traidores
de los charlatanes de los asesinos de los
falsos profetas y de los amores imposibles pero
cuídate más de tu cuidado pues la prudencia
es torpe cuando juega a ser déspota y en su
desapacible tiranía prohíbe toda misericordia
para los amores imposibles los falsos profetas
los asesinos los charlatanes los traidores y otras
desdichadas criaturas de la inconmensurable realidad.



JUEVES
¡este jueves se prohíbe
terminantemente cualquier tipo de experimentación!



(pase la página)



VIERNES
el beso de la mujer araña




deja que la tarántula entre en tu cama
no la espantes con ese gesto tuyo
de mendicante y mandarín deja que avance
hasta tu cuello y bese tu pobre boca
resentida por los estragos de un beso
anterior no eches a perder ese momento
de unción sublime entre la tarántula y tú
mantén la calma la compostura el miedo
y todo lo que sirva para que avances
la tarántula no duele su mordida no quedan
huellas queda un débil recuerdo que olvidarás
mañana es la tarántula la señora de los más
tristes de los más solos tú eres el elegido
deberías dar gracias por esta noche
de beatitud ajena no es tuya es cierto pero
qué importa es la tarántula la reina de los más
cuerdos de los más locos la misionera
de los asustados corazones que no saben
latir para ahogar la violencia de los ásperos
adioses recíbela permite que se acerque
y a la hora del beso cierra los ojos no hables
no preguntes qué entrará en tus venas es
la tarántula la reina de los reyes que no
saben qué hacer con su dolor y su corona.



SÁBADO
la única esperanza es el próximo trago
(a la manera de malcolm lowry)





no el libro no el hombre no el crítico
la única esperanza es tu cuerpo alado
cayendo sobre el mío como un pájaro
decapitado en pleno vuelo la única
esperanza es otra vez tu cuerpo y otra vez
la esperanza de reanimar la condición
primera (la inocencia perdida la ignorancia
ultrajada) no es inútil bregar con las
palabras que ponen en peligro los días
de tu vida las vidas de tu día no esta
congoja de tímido agrimensor que surca
el aire mientras escribe un verso no un
verso es la única esperanza no la agónica
resurrección del ave sobre la distraída
ruina de los mitos no el mito de las ruinas
no la llegada a un puerto o la salida
a un campo (no una campana de algodón
doblando a herido es la única esperanza)
no el labio ansioso sino la risa enferma
no el sueño traicionero sino el insomnio
atroz no el beso sino el frío no el llanto
sino el viento no el taller no la oficina sino
el mar sino el bar (no el libro no el hombre
no el crítico) la única la última esperanza es
el próximo trago….y después el otro.




DOMINGO

un golpe de dados jamás abolirá el azar
(a la manera de stéphane mallarmé)




si todo pensamiento admite una jugada de dados
por qué los míos no juegan o se retiran apenas
los dedos enemigos comienzan a tramar su arremetida
tienen miedo mis manos y mi cabeza tiene miedo no
al tiro o al juego sino a los dados esa osada
institución de imperturbables puntos negros (campos
de golf y de batalla) presumen de sus trampas
intimidan al jugador se burlan de las torpezas
de su arrojo y luego se dejan sobornar por la desidia
de la mano resbalan como víboras vestidas
de novia por el sucio tablero conspiran con la noche
y balbucean hurañas oraciones para que el jugador
no juegue (el jugador no juega) y la noche y los
dados y los dedos proclaman la dudosa victoria
con un grito a mitad de la partida si todo
pensamiento admite una jugada por qué
los míos huyen horrorizados de la mesa donde
rumian sus míticos pudores el terror a la página
en blanco la imagen en fuga ¡ah que tú escapes!
El estrépito de un caracol nocturno en un
Rectángulo de agua
(la poesía) una conversación
en la penumbra
(el poema) el mentiroso
que siempre dice la verdad
(el poeta) y un cielo
y un suelo y la luz de una vela y otros viejos
enigmas que sólo en apariencia abolirá el azar.
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Alberto Rodríguez Tosca (La Habana, 1962). Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado Todas las jaurías del rey (Premio David de Poesía, 1987), Otros poemas (Premio Nacional de la Crítica, 1992), El viaje (Ediciones Catapulta, Colombia, 2003), Escrito sobre el hielo( La Pobreza Irradiante Editorial Colombia 2006). Sus poemas y cuentos han aparecido en antologías publicadas en Cuba, España, Argentina, México, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Austria, Italia y Estados Unidos. Estudió Dirección de Cine, Radio y Televisión en la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana. Llegó a Bogota en 1994 invitado al III Encuentro de Poetas Hispanoamericanos organizado por la revista Ulrika. Desde entonces reside en Colombia. Ha sido escritor y director de programas de radio, profesor universitario y editor general de varias publicaciones colombianas de periodismo cultural (Suburbio Capital, Urbe, Horas, La Sangrada escritura). Actualmente dicta clases en el Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
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Saturday, February 27, 2010

Variantes de una traducción


Cuerpos desnudos Spencer

«Native Moments», breve poema de Whitman, bullente de desafiante homoerotismo e inconveniencias sociales, por momentos casi procaz, pero en verdad hermoso, motivó a varios escritores de nuestra lengua —tanto famosos como desconocidos y cada uno obrando por su cuenta— a traducirlo al español. Y este «ejercicio», si así puede llamársele, sirve para ilustrar las variaciones textuales que puede consentir una traducción, con mayor grado de felicidad y acierto, y también para reafirmarnos el criterio de que cualquier traducción, especialmente en el caso de la poesía, es aproximativa y siempre ha de dejarnos la duda —mayor aún cuando se hace a partir de lenguas que no dominamos— sobre cuan fiel ha sido al original. Esa duda está en la raíz de las reiteradas traducciones que se han hecho, a lo largo del tiempo, de algunos textos —religiosos, filosóficos, literarios, científicos— cuya importancia justifica el esfuerzo precario que se ilustra, encapsuladamente, en las versiones al español de este poema:

Vicente Echerri
NY/27 de febrero del 2010.
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Walt Whitman
NATIVE MOMENTS

Native moments —when you come upon me— ah you are here now,
Give me now libidinous joys only,
Give me the drench of my passions, give me life coarse and rank,
To-day I go consort with Nature’s darlings, to-night too,
I am for those who believe in loose delights,
I share the midnight orgies of young men,
I dance with the dancers and drink with the drinkers,
The echoes ring with our indecent calls, I pick out some low
person for my dearest friend,
He shall be lawless, rude, illiterate, he shall be one condemn’d
by others for deeds done,
I will play a part no longer, why should I exile myself from
my companions?
O you shunn’d persons, I at least do not shun you,
I come forthwith in your midst, I will be your poet,
I will be more to you than to any of the rest.

Concha Zardoya
SENCILLOS INSTANTES


Sencillos instantes, ¿cuándo venís a mí? ¡Ah!
¡heos aquí, al presente!
¡No me otorgáis ahora más que alegría lujuriosa!
¡Dad fin a mis pasiones! ¡Dadme la vida bestia!
Hoy iré en compañía de los queridos hijos de la
Naturaleza, y esta noche también;
Me dirijo a los que creen en las voluptuosidades
Disolutas.
Exijo mi parte en vuestras orgías de medianoche,
jóvenes.
Bailo con los bailarines y brindo con los que brindan;
resuene el eco de nuestros gritos indecentes; escojo
por mi más querido amigo a un cualquiera;
yo lo quiero insumiso, rudo, inculto; lo quiero
condenado por los otros a causa de sus faltas.
No representaré una farsa por más tiempo. ¿Por qué
habría de apartarme de mis verdaderos
camaradas?
¡Oh vosotros, a los cuales se aparta! Yo, al menos,
no me alejo de vuestro lado;
me mezclo con vosotros libremente, quiero ser
vuestro poeta;
quiero ser para vosotros más que todos los demás.

Jorge Luis Borges
MOMENTOS ELEMENTALES


Momentos elementales —cuando me sorprendéis—
¡oh, ahora estáis aquí!
Sólo os pido los goces de la lascivia,
El chorro de mi pasión, la vida exuberante y grosera,
Hoy iré en busca de los hijos predilectos de la
Naturaleza y esta noche también,
Yo soy de los que creen en goces carnales, comparto
las orgías de los muchachos a medianoche,
Bailo con los que bailan y bebo con los que beben,
Resuena el eco de nuestros gritos indecentes, elijo para
amigo preferido la persona más baja,
Será rebelde, rudo, iletrado, será uno que los otros
condenan por sus delitos,
No seguiré representando, ¿por qué habré de renunciar
a mis compañeros?
¡Ah, gente a la que todos rehuyen, yo al menos no
huyo de vosotros,
Me mezclo con vosotros, seré vuestro poeta,
Seré más para vosotros que para nadie!

Enrique López Castellón
MOMENTOS SENCILLOS

Momentos sencillos, ¿cuándo venís a mí? ¡Oh!
¡Habéis venido!
Sólo os pido el placer lujurioso,
Descargar mi pasión, vivir exuberante la vida de
las bestias.
Iré a buscar a los hijos queridos de la naturaleza,
Incluso por la noche,
Yo soy de los que creen en los goces carnales,
reclamo mi lugar en la orgía juvenil y nocturna,
Bailo con los que bailan y alzo mi copa con los
que la alzan,
Resuenan los ecos de gritos indecentes, elijo como amigo
al primero que veo, elijo al más bribón;
Yo lo quiero insumiso, rudo, inculto, condenado
por todos a causa de sus faltas,
No seguiré representando farsas por más tiempo,
¿por qué no he de vivir entre mis camaradas?
Vosotros, de los que todos huyen, yo no pienso
alejarme jamás de vuestro lado,
Me uniré a vuestro grupo, seré vuestro poeta,
Os prefiero a vosotros por encima de todos.

Francisco Alexander
INSTANTES PRIMITIVOS


Instantes primitivos —cuando me sorprendéis— ¡oh, aquí
estáis!
No me deis ahora más alegrías lascivas,
Dadme el diluvio de mis pasiones, dadme la vida grosera y
obscena.
Hoy día me voy en compañía de los hijos predilectos de la
Naturaleza, y esta noche también,
Me atengo a aquellos que creen en los placeres licenciosos,
participo en las orgías de medianoche de los jóvenes,
Resuena el eco de nuestros gritos indecentes, elijo para amigo
predilecto a una persona de baja condición:
Habrá de ser licenciosa, ruda, inculta, tendrá que haber sido
sentenciada por sus transgresiones,
Yo no quiero fingir, ¿por qué he de desterrarme de mis
compañeros?
¡Oh, vosotros de quienes las gentes huyen, yo al menos no
huyo de vosotros!
Me asocio a vosotros, quiero ser vuestro poeta,
Quiero merecer de vosotros antes que de los demás.

Alberto Guigou
IMPULSOS PRIMITIVOS


Impulsos primitivos, cuando llegáis como ahora a mí
dadme tan sólo placeres lascivos.
Dadme la furia de las pasiones, dadme la vida exuberante y cruda.
Hoy estoy en connubio con los favorecidos de la Naturaleza
y esta noche también,
estoy con los que creen en disolutos deleites
disfruto con hombres jóvenes sus orgías nocturnas
danzo con los que danzan y bebo con los que beben
los ecos retumban con nuestros gritos soeces,
mi amigo predilecto es uno de la ralea,
será fugitivo, rudo, analfabeto, estará condenado por las cosas que ha hecho.
Yo no simulo más, ¿por qué excluirme de mis iguales?
A vosotros proscritos, yo, al menos, no los proscribo,
vengo íntegramente a ser vuestro poeta
y seré más para vosotros que para ninguno de los demás.
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Walt Whhitman (1819-1892) Poeta estadounidense que rompe con los esquemas tradicionales, valiéndose de un lenguaje innovador y desbordado que da rienda suelta a las sensaciones, a partir de un fuerte sentimiento de individualidad integrado a la naturaleza y una versificación libre en estrecha correspondencia con el significado o emoción de su poesía. Hojas de hierba constituye la obra de toda la vida de Whitman, quien aumentó y modificó este texto a través de los años, como lo evidencian sus múltiples ediciones.Título original en inglés: Leaves of Grass.
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Para leer más sobre Walt Whitman, pulse aquí:

http://amediavoz.com/whitman.htm



Vicente Echerri (Trinidad, Cuba, 1948), ha publicado poesía (Luz en la piedra: Madrid, 1986; Casi de memorias, 2008); ensayos (La señal de los tiempos, 1993) y relatos (Historias de la otra revolución, 1998; Doble nueve, 2009). Ha ejercido el periodismo de opinión por más de veinte años y columnas suyas aparecen regularmente en varias publicaciones de Estados Unidos y América Latina. Ha traducido numerosos libros del inglés al español.
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Para leer más sobre Vicente Echerri, pulse aquí:

Wednesday, February 24, 2010

LA MUJER DEL PRÓJIMO.


Teresa Herández (signos número 44, 1999)
Para Maura, que sabe...


Dijo que no había visto nunca
un camino más tupido
que esa abundancia de hierba
en el entrecejos de aquel desconocido
y que a ella le pareció perderse
como si a lo lejos
unos perros ladraran sin temor
con esa paz con la que asumen ellos
cuando las noches son claras
y sus dueños duermen bajo las cobijas.

Dijo que le ardía hasta la zozobra
y que caminaba en puntas
como una bailarina sobre el pecho;
que también le pareció un laberinto
aquello de perderse extraviada
detrás de unas cercas y un sembrado
donde a veces hasta en las noches oscuras
ella podía ver en sus manos el reflejo
donde él se comportaba como la luz
y donde le daba por alumbrar sus gritos
como si la golpeara
sin dolor y sin remordimiento;
y que supuso que de beber alcohol
más bien inhalaba como un humo
una bruma…
Que la hizo feliz
y que le dio unos deseos
como nunca de morirse
pensando que de volver a la realidad
sus senos dejarían la erección
poniéndose como bolas de tizne
echadas en algún rincón del abandono.

Matta, (Signos número 58, 2009)
Y dijo que él nunca dijo su nombre
pero la elevaba,
que por primera vez tuvo conciencia
que era verdad lo del cielo infinito
y que los astros no bajan,
se caen desde allá lejos;
aunque ella no supo tiritar cuando se caía
y no supo detenerse cuando la lanzaban
que creyó ser fuego cruzando un aro
y su cuerpo como una estela inmisericorde
donde todos los sonidos se dilataban
y que no por ello recuerda la música
o mejor no quiso
porque era como hembra en celo
una sombra ante el espejo
que nadie devolvía;
y porque él jadeaba como un animal
a quien le pesaba su rudeza y la faena
y que sintió todas las veces
que le abría como un surco
como si la tierra que tragara
fuera sangre de su sangre.
Madelín Pérez (Signos, número 43, 1996)
Dijo también
que se olvidó de los perros
de la vecindad ausente
en ese letargo de sueño
donde concurre lo cotidiano
y la supuesta armonía.

Ella, también imploró:
fue a sentarse sobre un manantial
donde el agua la refrescaba
quizás en esa parte de la memoria
que solo la conciencia activa;
y que era un agua tibia
que la confundía con su pelo
y le llenaba la boca
a veces de zánganos
otras de polen de mariposas
y de unos olores como si él
hubiese lamido todas sus entrañas.

Lídice Gonzalez Jiménez (signos número 57, 2009)

No hubo otro silencio
que el sudor debajo de las cobijas
no hubo otro cruce en su camino
ni ha podido nunca más ser la reina
ni asomarse a esos bordes que en el cielo
forman los triíllos entre una estrella y otra.

Nunca más ha visto aquellos ojos
que ladraban sin ser perros
que la mordían con dulzura
y donde alguna vez ella sentó
todas sus formas de estar viva.


Cleva Solís (Signos número 8, 1972)

Monday, February 22, 2010

HASTA LA LUNA, CON SINDO….



Fue en el Hotel Ambos Mundos, en La Habana Vieja, donde junto a Jorge Luís Arzola, (creo recién estrenado de su inmerecida mano de palos), que no acabó con su belleza en bondad y fabulación; fue en esos mundos casi al lado de la habitación donde Hemingway, según reza una placa, se hospedó, y cuando ese Hotel era una mole con peligro de derrumbe, donde escuché por vez primera a Gumersindo Pacheco, (en aquel entonces era un guajirito bien plantao, y todavía le queda pinta) donde lo escuché conversar sobre sus proyectos de vida y personajes de su obra narrativa, que sin necesidad de parafrasear el título original de una de sus novelas, no me pareció desde entonces que ni él ni su personaje adolescente de María Virginia estuvieran en la luna de valencia, más bien con los pies puestos donde sustancia, perfil de sus personajes, bien delineados, daban tela por donde darle respiro -que no caricatura-, capaces de sostener ese mundo tan fantasioso pero tan rico que suele ser el universo de la mayoría de los adolescentes en una etapa difícil y que sin necedad siempre tiende a ser bella, aún cuando su autor concibió el abarcador proyecto de parirlo por aquellos días cercados (o cercanos) de período especial y en un país del tercer mundo.

Pero si bien no puedo caer en la mariconería, ni por recuerdo, de decir que me enamoré de la pinta del Gume, si estoy claro que me quedé en Babia como en la luna de valencia y todo incluído por su originalidad, o más bien incorporado a la belleza con la que necesita el lector, al mirarse ante la fluidez de su narración; que cuando Gumersindo lee, él adopta cada uno de los personajes, uno le puede mirar a la frente, a los ojos y verle sus rasgos, (los de los personajes) y eso que en la lectura se pierde un poco, lo que en otra, de cara a sus libros, te abarca y no pierdes nada, al contrario, sumas y ganas cada detalle significante que te incorpora a ese cuerpo de trama con la que él, Gumersindo, a dispuesto para que no pares hasta la página final.

Resulta que de está novela de título Maria Virginia y yo en la Luna de Valencia que luego fue editada en Colombia bajo el título de Maria Virginia mi amor por el Sello Editorial Norma, y hace poco en la editorial cubana, Gente Nueva, resulta que ese mundo alegórico de cierta edad principesca, (si juzgamos la edad donde más se sueña y se juega a ser héroe y conquistador de cuanta idea o batalla se nos ocurra), pero resulta o resultante es que al leer lo que este hombre noble y siempre afable nos da de soporte, de alimento para esa edad, se convierte como esas respuestas inauditas de los adolescentes, en una lectura que se hace y está para nuestra edad, la de vosotros, la de ellos, ellas, acullá y acá también, les aseguro sin líneas que delimiten una frontera cultural, porque, y también le aseguro, que ud no necesita ser adolescente para ser conquistado por los personajes del Gume, quien construye con finura de buen carpintero, y siempre desde que uno comienza en la primera oración queda auscultado de esa magia que como una medicina para el alma, uno no bebe a sorbos, sino que va como sus personajes, dispuestos al conflicto, aunque el mundo con cielos, galaxias, astros y el copón divino se te venga encima, porque una vez que conoces lo que Gumersindo Pacheco escribe, te haces adicto, con la soberana diferencia que es una adición de altura.


Juan Carlos Recio/NY/22 de febrero del 2010

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Dibujo de Zaida del Río (Signos número 37, 1989)


MARÍA VIRGINIA MI AMOR

CUATRO


Al fin Cobarde decidió esperarme en el patio, y ya en el aula me dispuse a buscar a la muchacha nueva, mientras la gorda pasaba la lista y yo iba escuchando a ver cómo se llamaba. Sin embargo primero tomé asiento, y me aseguré de no tener nada encima que pudiera caérseme. Cuando di con ella, se me cayeron los párpados y un empaste medio flojo (los empastes medio flojos siempre están locos por caerse). Luego me sobrepuse y comencé a voltearme lentamente, bien concentrado, con la vista fija y una cara de tipo más fenomenal que Billy el niño. Pero no tuve tiempo ni de pensar. Ella disparó primero, y de una sola mirada me tumbó los párpados y el revólver, al mismo tiempo que la profe decía María Virginia, y antes de que ella dijera presente supe que era su nombre porque se fueron al diablo los libros de Tom y Huck. Y cuando me incliné a recogerlos, se me cayó el pupitre junto a los libros. Y cuando fui a levantar el pupitre un poco turbado, me caí yo junto al pupitre y los libros, y me puse más rojo que el triángulo de la bandera.

—A ver, Ricardo, déme acá esos libros —dijo la profe de lo más insinuante, incolora e insípida—. Tal parece que estás muy nervioso.

Imagínate. Decir eso después de haber dicho María Virginia. Ella lo hizo para que me diera más nerviosismo estar nervioso; pero rápidamente me puse a pensar en Helena de Troya y me calmé los nervios. (Cuando yo quiero olvidar algo, o calmarme los nervios o excitármelos, me pongo a pensar en Helena de Troya). Luego me sujeté el párpado derecho, y me volví hacia María Virginia, bien decidido, pensando en su voz tan especial, tan como si nada que parecía ser la mismísima Helena. Cuando me vio, me aguanté más fuerte aún el párpado derecho, pero se me cerró el izquierdo. Por lo que en lugar de ser el príncipe Paris, debí parecer un maldito pirata del Caribe, rayos y truenos, y no le agradó en nada esa expresión. El pirata vio que hizo un gesto de molestia. El gesto fue lindo, pero estaba tan fea en sentido general, que el viejo marino, acostumbrado y todo a la rudeza y a los rigores y avatares de la vida, no pudo seguir mirándola y cerró el ojo al tiempo que la gente aseguraba que debía darnos vergüenza a estas alturas no saber distinguir un sustantivo de un adjetivo, que aquéllos nombraban, y éstos ca-li-fi-can. Y ya nunca olvidaré que los profesores son unos dichosos adjetivos que se pasan la vida calificando, dándole regular a los regulares, bien a los buenos y mal a los malos. Aunque si somos regulares, buenos y malos, ya estamos calificados.

La profe siguió con su perorata. Y cuando nos pusimos indisciplinados— porque como somos el grupo más indisciplinado del mundo, siempre ocurre que nos ponemos indisciplinados—, la gorda se enardeció tanto que de un tirón se quitó los espejuelos. Y ella, que sin espejuelos no se fija bien en lo que dice, nos dedicó cuatro verbos consecutivos. Y no conforme con eso nos soltó cuatro gerundios, cuatro artículos, cuatro participios, nueve preposiciones, y como dieciocho adjetivos y predicados y formas gramaticales. El copón divino no lo dijo porque la pobre no habla en lenguaje figurado, sino más bien en lenguaje desfigurado, incoloro e insípido. Y cuando ella se impulsa de esa manera, casi siempre sucede el timbre, que es lo único que nos salva.

Así que sonó el timbre, altísimo, en medio de dos infinitivos, y entró la Hipotenusa con sus cálculos y triángulos rectángulos. Fue Silvio quien le puso ese nombrete. Y a los jimaguas le puso Catetos. Y ahora se cumple bien el teorema de Pitágoras porque la profe al cuadrado es igual a la suma al cuadrado de los jimaguas. Este Silvio tiene gracia para los nombretes. Ésa es otra de las buenas cosas que se ha inventado: los nombretes. La vida sin nombretes sería demasiado solemne. Un día Mariano trataba de meter cabeza en la cola de la merienda, cuando Silvio le dijo, dándole un empujoncito: ¡Échate para allá, Jesusón! Para qué fue aquello. Casi nos morimos de la risa, que es la manera más cómica que hay de morirse. A nadie le importó lo que quería decir esa palabra, pero miramos a Mariano y nos dimos cuenta que era eso mismo: un Jesusón. Los nombretes son así: regionalistas. Fíjate, que él también se dio cuenta que lo habían retratado, y la cosa se puso tan fea, que tuvimos que intervenir. Por poco se arma la gorda. Desde entonces Mariano y Silvio no se hablan. Y aunque nadie lo dice delante de él, el Jesusón no se lo quita ni quedándose tuerto: le dirían Jesusón el tuerto, o el tuerto de Jesusón. A Silvio por su parte le dicen nada menos que Trompetilla, que es el nombrete más sonoro que hay, y que él mismo se buscó la vez que nos juntamos cuatro o cinco a ver cuál era el más mal malhablado que decía la más mala mala palabra. Imagínate. Se formó tremenda discusión por el primer lugar. Mariano Jesusón sostenía que era suyo porque Pinga no solamente era la mala palabra más usada, sino también la que primero acudía a la memoria. Pero Ferna no estuvo de acuerdo ya que era una palabra femenina. Ella, la pinga, era femenina. Jesusón se defendió alegando que también se le llamaba Pene, él, el Pene, que era bien masculino. Y ahí mismo perdió legal porque Pene no es una mala palabra, sino una palabra científica. A veces las palabras científicas y las malas palabras quieren decir lo mismo. En ese momento saltó Bemba para aprovecharse y declaró que había ganado él, que entonces había ganado él porque Cojones, los cojones, además de masculinos y de ser dos, uno más uno, eran una mala palabra encojonada, pero Mariano Jesusón que ya estaba irritado, le dijo que ni pinga, que en definitiva Cojones no era una mala palabra tan mala sino más bien dos bolitas ahí forradas de pellejo, en cuyos ocultos laberintos se fabricaban los espermatozoides, que daban lugar a una vida, a los hijos del alma.

Yo me callé la boca y no dije el nombre de unos pelitos ahí, que tampoco podían aspirar al primer premio. Nadie dijo malas palabras con los órganos de la mujer porque como somos machistas-leninistas, sabíamos que estaban descalificadas. Y también, porque —de haberla conocido— a mí me hubiera dado una lástima de madre pensar en María Virginia, tan flaquita y tan sincera, con tantas malas palabras en su cuerpo; pensar que por muy bien que se vistiera la pobre, y mucho perfume que se untara, me hubiera dado lástima pensar que llevara en su cuerpo unas cuantas malas palabras de las cuales no tenía la más mínima culpa.

De modo que nos pusimos a buscar otras candidatas, y oye, cuando parecía que ya no quedaba ninguna, y todo el mundo estábamos en primer lugar, saltó Silvio con su Trompetilla y se llevó el premio. Sin embargo se ganó también el nombrete, el más ruidoso de los nombretes…

La Hipo seguía con su clase de monomios y binomios y polinomios y cuarenta mil nomios. Tú la ves siempre con el luego entonces: si a y b son no sé cuánto, luego entonces no sé qué. Si el lado ab es paralelo al cd, y éste a su vez es perpendicular al lado opuesto y suplementario de la bisectriz del ángulo y la base del pentágono irregular y el copón divino, luego entonces…

Si mi abuela tuviera ruedas y catalina y manubrio y sillín y cadena, y si además no estuviera ponchada, ni bajita de aire, luego entonces yo no vendría a pie e la escuela.

Al fin terminó el turno mientras la mitad del grupo estábamos dormidos, luego entonces cabeceando, o mirando ese otro mundo que está más allá de las persianas.
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Sindo Pacheco (Cabaiguán, Cuba, 1956) Premio El Caimán Barbudo (1990). Ha publicado Oficio de Hormigas (cuentos, 1990) Premio Abril; y las novelas Esos Muchachos y María Virginia está de Vacaciones. Esta última recibió el Premio latinoamericano Casa de las Américas, el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994.
En 1995 recibió el premio Bustar Viejo, de Madrid, España
, por su cuento Legalidad Post Mortem.
Cuentos suyos han aparecido en las antologías “Cuentos de la Remota Novedad”, “Los muchachos se divierten”, “Diana”, “Fábulas de ángeles”, “Antología del cuento espirituano”, “Punto de partida”, y en diferentes revistas como Bohemia, El Caimán Bardudo, Letras Cubanas, Casa de las Américas, entre otras. Textos suyos han sido publicados en México, Rusia, Venezuela, Argentina y España. En 1998 la Editorial Norma, Colombia, publicó su novela juvenil María Virginia, mi amor (finalista del Premio Norma-Fundalectura); y en el 2001, su novela Las raíces del tamarindo, fue finalista del Premio EDEBÉ, y publicada por dicha editorial en Barcelona. En el 2003 la Editorial Plaza Mayor, de Puerto Rico reeditó María Virginia está de vacaciones. En el 2009 salió Mañana es Navidad por la editorial Iduna de Miami, y María Virginia mi amor por Gente Nueva, La Habana.
Actualmente reside en Miami, Estados Unidos.
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Saturday, February 20, 2010

GOLPES CONTRA GOLPES.




Por otra lectura de Cesar Vallejo.

Existen otros golpes menos benignos
que no tocaron ni a Cesar Vallejo;
es una idea que no se ve de cerca
algo que está metido debajo de la piel
como una oveja y su lana
como una piedra de castillo
sin reyes, ni otra leyenda
que pueda existir de verdad
como si fuera el espejismo de Buda
la sensación de levitar sin existencia
y sin filosofía.

Hay golpes que nunca fueron dados
de una mejilla a otra,
son traiciones
profundas;
debajo
solo hemos visto el destello que pasó
y la imagen de un alma
que destroza
su otra alma sin compasión.
Pero son golpes como de Dios
que rajan la maldad
que sientan en su huella
un hilo de humo donde
también se dibujan esos gallos
que en la madrugada cantan
y afilan sus espuelas contra el árbol
y todos hemos soñado
desde un vitral con su presencia.

Hay los golpes que no son
sino el reflejo de la amargura
el flujo ácido de la aventura
la misma que hemos usado por vanidad
ante el enemigo
el mismo quien luce su mirada ausente
y nos asfixia en su terquedad
sin verlo morir de inmediato
como ave que vuelve tocada
simulando un paraíso que no podemos alcanzar.

Son esos golpes de tu amor perdido
esa manera de ladrar
y contra la pared
y a contraluz
tocar mis labios con tu saliva
decir las mismas malas palabras
todos los instantes, todo el año
y rodar por esa culpa con tu rostro
y dormirnos infiel y de reverso
en otro golpe que el alma
se empeña en dominar
se mete como lana
que abriga
tanto
y tanto que golpea
llega hasta el hueso
y uno no deja de escuchar
el golpe de las patas del gallo
agarradas al árbol
en esas madrugadas
donde tu repites tus golpes sordos
sin escuchar quien canta
sin que uno pueda
aparentar
amaneciendo
otro golpe que no sea
esta prisión donde tú
eres de leña seca
la ceniza del fuego.

Qué más voy a decir
del golpe
qué mentira será
como dentro de un sueño
donde alguien se acerca
por un camino polvoriento
y sus pasos suenan:
son golpes contra los ojos
y luego se ve un tren que pasa
con un sonido extraño
como si fuera tu vida
contada mientras terminas el cigarro
y sales a la luz
y no escuchas cuando te llaman
y no quieres volver
sino es con pólvora.

Sí, hay otros golpes
como un tajo del hacha
una cabeza que rueda
una barcaza fenicia
por un río que no existe;
un tinte rojo que rasga la solapa
y por una u otra vida
que te inventas
de golpes por los golpes contra los golpes
y sigues golpeando
hasta que el sonido de la puerta
y sus pasos en la noche
te devuelven a la realidad;
¿no puedes dormir?
y no es la pregunta lo que suena
son el chasquido de sus labios
como aguas sobre un alero
una tarde de lluvia,
como polainas en el fango
como unas hojas en el rocío
que se congelan y parten
toda posibilidad de vivir en el encanto.

Son golpes rudos ya lo sé;
y no tiene sentido
tus manos en el pecho
el llanto que implora
al menos un saludo en la distancia
uno que dice adiós
desde un andén y nadie se asoma
a ver su voluntad
que puede se agolpe
por vergüenza
y por golpear de placer
en tu cintura.

No escucho
sino
tu lengua
que maldice
estas horas
donde no sobra
otro ruido
que no sea
el choque de los días
contra el alma.